Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL

Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL
Feria del Libro Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Año 2012

Rediseñada para ofrecer una mayor difusión de la escritura en castellano.

Dirección: Norma Segades - Manias

directoragaceta@gmail.com

GACETA LITERARIA Nº 74– Enero de 2013– Año VII – Nº 74


 

Imágenes: BEAUTIFUL WORLD

PRIMERO DE ENERO
(Octavio Paz)

Las puertas del año se abren,
como las del lenguaje,
hacia lo desconocido.
Anoche me dijiste:
                            mañana
habrá que trazar unos signos,
dibujar un  paisaje, tejer una trama
sobre la doble página
del papel y del día.
mañana habrá que inventar,
de nuevo,
la realidad de este mundo.

PÁGINA 1 – REFLEXIONES

EDUARDO GALEANO
(Montevideo-Uruguay)

PRIMERAS LETRAS

De los topos, aprendimos a hacer túneles.
De los castores, aprendimos a hacer diques.
De los pájaros, aprendimos a hacer casas.
De las arañas, aprendimos a tejer.
Del tronco que rodaba cuesta abajo, aprendimos la rueda.
Del tronco que flotaba a la deriva, aprendimos la nave.
Del viento, aprendimos la vela.
¿Quién nos habrá enseñado las malas mañas? ¿De quién
aprendimos a atormentar al prójimo y a humillar al mundo?


PÁGINA 2 – CUENTO

ALFREDO DI BERNARDO
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

ELLAS

Ahí  están ellas, otra vez, bordando la madrugada con su taconeo insomne. Ahí están, con su desnudez incompleta -siempre incompleta- cumpliendo su rito exhibicionista, su lento desfile sensual, ofreciéndose a cualquiera que las quiera tomar. Ofreciéndose a mí, por ejemplo, que no puedo dejar de mirarlas con un recelo envenenado de lujuria.

Me chistan, me llaman, prometen fiestas que sé imposibles porque mienten -siempre mienten- pero me acerco igual; nunca he podido controlar esta atracción viciosa que ejercen sobre mí.

Me deslizo entonces hacia el vértigo artificial que ellas me proponen y juego de nuevo a que les creo. Las palpo con mi urgencia de animal solitario, les prodigo mi furia torpe, mis gestos ampulosos de monarca en el destierro, y ellas actúan como si en verdad lo hiciera bien. Fingen sumisión, simulan descaradamente que son mías esta noche.

Pero mienten -siempre mienten-. Concluyo mi trajín, me levanto y, apenas les doy la espalda, escucho otra vez sus risitas burlonas.

Me doy vuelta; no puedo dejar de mirarlas con un recelo envenenado de fracaso.

Allí siguen ellas, las palabras, bordando la madrugada con su taconeo insomne.


PÁGINA 3 – POESÍA

ANAMARÍA MAYOL
(San Martín de los Andes-Neuquén-Argentina)

CUERPO TOMADO


Soy mi propio rehén /el pausado veneno del verdugo/ el pacto  con la muerte Olga Orozco

Soy mi propio rehén
testigo de lo atroz
protagonista de esta obra mía
Soy cada palabra que no he escrito
cada poema  plasmado en los insomnios
cada silencio precipitado hacia el mar
La fuga permanente desde mi misma
Soy mi propio rehén
poblada de desiertos sed y sal
de fachinal grisáceo
de caldenes
y  aromos floreciendo
en el patio de la infancia
Soy ese punto ciego en el espacio
que te detiene un segundo
despojo
escombro del olvido
que rescata pasiones
en el fuego
arrebata a la lluvia su murmullo
conozco
la prisión de lo inasible
mi sombra a veces
transmuta golondrina
la obstinada presencia
 del amor en los ojos
el roce inconfundible
de una mano en el alma
Me he desterrado a veces
 en la tristeza
otras
he caminado hacia mi propio abismo
he muerto en soledad con otras solas
he surcado sus cárceles
sin testigos ni juicios
sorteado  emboscadas 
que me tendió la muerte

Soy mi propio rehén
llevo este cuerpo tomado por la luna
lleno de noche y sombras
me reconozco en  otras
como un espejo
como si yo no fuese 
más que el pretexto
Soy mi propio rehén en la memoria

CANCION DE AMOR


Sé que estuviste antes
cuando  era una mujer con otros nombres
los mismos ojos       otros dolores
y antes
supiste de mi amor
de la noche perpetua  en  la piel
después de amarnos
de mi pasión  por el silencio
que desborda las sombras
de ese ancestral instinto  de sobrevivencia
que desafía  la muerte
ese universo doliendo entre los huesos
humanidad  anclada  entre mis puertos
y esa sangre brotando
sobre la desnudez de la palabra
Sé que estuviste antes 
antes que me nombraran Ana
y saliera a recorrer el viento
reinventar el espacio
pronunciarme libre
y antes 
aprendí este oficio de amarte cada día
con la misma esperanza respirando en mis poros
la misma descarada desnudez
el mismo impulso marcándome el camino
Sé que estuviste antes
tal vez con otros nombres
los mismos ojos        otros dolores
y antes 
te busqué en la niebla
en la raíz       semilla         fruto
en el aire         el agua         el fuego
y me buscaste en el viento
sin saberlo
en las guaridas del silencio
en las mujeres con aroma a lluvia
y aprendimos del beso que subyuga
del abrazo que atraviesa la esencia
de los cuerpos
se aloja en el alma
Sé que estuviste antes
desde el principio de la materia y la sombra
antes
debíamos hallarnos 


PÁGINA 4 – ENSAYO

DANIEL FREIDEMBERG
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

EL DESCUBRIMIENTO DE ESPAÑA

Nunca se dejó de leer a Tuñón, aunque no era fácil conseguir sus libros, pero ahora parece haber un redescubrimiento de esa poesía vitalista, emotiva y maravillada ante el mundo. Sea causa o consecuencia, o las dos cosas, la publicación de la Poesía reunida que para Seix Barral compilaron Adolfo González y Eduardo Alvarez Tuñón, su hijo y su sobrino nieto, coincide con el interés que el autor de El violín del diablo está despertando en una nueva generación de lectores mientras otros, más veteranos, comienzan a tenerlo en cuenta. Se le estaría dando a Raúl González Tuñón otro lugar en la literatura argentina. Estarían cayéndose muchas de las reservas que pesaban sobre el poeta y sus textos, a diferencia, por ejemplo, de lo que ocurrió con compañeros suyos de la vanguardia martinfierrista, como Borges y Girondo.
Los tiempos cambian, y, con los tiempos, los modos de leer. Algunas cosas deben haber ocurrido en este país para que ni un replanteo radical de la lengua poética como el de Girondo ni una densidad reflexiva como la de Borges sean ya condiciones prioritarias o excluyentes de valor poético, y se haya vuelto posible entonces atender a eso que Tuñón ofrece. Y, entre todo eso, algo que le hizo difícil superar el confinamiento en una franja del público lector: la izquierda o, más exactamente, quienes van a la poesía menos por interés en la poesía que para confirmar una identidad política. Que en una editorial como Beatriz Viterbo hayan aparecido los escritos de RGT sobre la Guerra Civil Española es notable. Si hasta hace no mucho sonaba casi inverosímil un Tuñón en el catálogo de este sello, más raro aún resultaba que el elegido para reeditarse fuera precisamente el Tuñón de estos libros, ciento por ciento políticos.
Un gesto de politización, entonces, hasta en la ilustración de tapa: una miliciana o campesina con el puño en alto. Detrás, un prólogo de Julia Miranda y tres libros: uno de poemas, La muerte en Madrid, uno de crónicas, Las puertas del fuego, y uno de discursos y artículos, 8 documentos de hoy, de los cuales sólo había sido reeditado hasta ahora La muerte en Madrid (dos veces, una de ellas acompañando una edición dominical de Página/12, en 1996). Publicados originalmente en 1939, 1938 y 1936, que se los haya agrupado en un orden inverso al de su aparición es un acierto, porque 8 documentos..., mucho más atado a circunstancias puntuales, termina funcionando como apéndice y complemento del bloque bastante homogéneo y muy consistente que conforman los poemas y las crónicas. Escritos en Buenos Aires cuando recién comenzaba la Guerra Civil, estos urgentes llamados a que los escritores se alinearan contra el fascismo, incluyendo polémicas y denuncias, son lo que promete el título: documentos, y como tales dan cuenta de las tensiones políticas que atravesaban el campo literario argentino a mediados de los años ‘30, bastante sorprendentes si uno se fija en cómo quedan ubicados nombres como los de Marechal, Victoria Ocampo, Fernández Moreno o Mallea en la pugna entre los aliados de “el progreso” y los de “la reacción”.
Lo que ante todo queda documentado, sin embargo, es cómo Tuñón entiende su condición de militante de la cultura en el ‘36, dos años después de afiliarse al Partido Comunista, y cuáles motivos lo llevaron en 1937 a España y a poner al servicio del bando republicano su oficio de poeta. Ahí, en la escritura de poemas y crónicas, tan distinta del discurso directo, afirmativo y plano de los documentos, se advierte hasta qué punto la poesía le impone a Tuñón su propia fuerza, y corresponde agradecer a Beatriz Viterbo una edición que permite acceder al fin a poemas y prosas cuya calidad poética no está lejos de la del Tuñón de La calle del agujero en la media, Todos bailan o El rumbo de las islas perdidas, y, de paso, confirmar hasta qué punto se puede, haciendo poesía militante, hacer gran poesía. “Poesía militante” es la fórmula que mejor viene al caso, y no la más imprecisa “poesía política” (“toda poesía es política”, se dice), porque la cuestión está justamente en la función militante que Tuñón, al igual que Miguel Hernández y Pablo Neruda, entre otros contemporáneos y amigos suyos, quisieron, en cierto momento, darle a su producción.
Ya en La calle del agujero..., en 1930, despuntaba el deseo de “hacer una revolución con mis manos amigas del cristal, de la luz, de la caricia”, y el gesto fraternal hacia los pobres, los marginales y los trabajadores ya estaba en el Tuñón de los años ‘20, pero otra cosa es lo que anuncia el prólogo a La rosa blindada (1936), “me parece que ahora hay que hacer una poesía revolucionaria”, lo que implica “vincular mi sensibilidad y mi conocimiento de la técnica del oficio a los hechos sociales que sacuden el mundo”.
Centrado en la insurrección de los mineros asturianos, que el autor conoció en 1935, poco antes del inicio de la guerra, La rosa blindada abrió un rumbo en la poesía de lengua castellana: ya no se trata de dar lugar en la poesía a la inquietud política o la preocupación social, sino de componer poemas que sirvan como instrumentos de lucha. A algo había que renunciar para eso, se supone. Lo que en la poesía hay de complejidad, de ambigüedad, de inasible, de irresuelto, cede ante la necesidad de exaltar, condenar, promover o exhortar, y en la obra de Tuñón hay textos, como los de “Todos los hombres del mundo son hermanos” (1954), que lo confirman.
Parece confirmarlo también el primer poema de La muerte..., “Madrid”. Pero “Madrid (2)”, inmediatamente después, abre un irresuelto juego de contradicciones entre lo que nace y lo que muere, entre la pérdida y la voluntad de seguir adelante, que va a prolongarse en casi todo ese libro y Las puertas del fuego. El tuñonesco gusto por la imagen vívida y excitante hace su entrada luego en “El toro de Madrid”, con un trabajo rítmico y semántico que vuelve todo sorprendente, un poco desquiciado y con fuerza propia, hasta llegar a “El primer hombre muerto”, seguramente uno de los mayores poemas de Tuñón: crudo, implacable, un registro estupefacto y lúcido de la destrucción que volverá en la serie de “Los obuses” y con diferentes intensidades o coexistiendo con otros elementos, en la mayor parte de los dos libros.
Las enumeraciones arbitrarias, lo fantástico, el latido espeso y discordante de la concreta vida terrestre, la reflexión existencial y hasta el humor encuentran espacio en la escritura militante, si no en todos los casos sí en la mayoría, junto con esa curiosa y detallista mirada de flâneur que el genéticamente baudelaireano Tuñón extiende, ya no sobre las calles porteñas o parisienses, sino sobre la guerra. Más que por afirmaciones de fe, la España republicana queda realzada a través de gestos mínimos y de la terca persistencia de lo humano. Pero además la guerra se vuelve una experiencia iniciática y lleva a repensar la vida, a una suerte de aceptación de lo diverso y contradictorio de la realidad. Una sabiduría de estar en el mundo que sólo parece templarse en las peores condiciones.
Fuente: Página 12


PÁGINA 5 – CUENTO

EMILCE STRUCCHI
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

RAYO DE SOMBRA

El maldito despertador rugió en mi cabeza y el sueño, no satisfecho suficientemente, me hizo vacilar antes de levantarme. Tendría que empezar a rebajar con hielo y agua ese anís libanés puro y cristalino de alta gradación, como me habían sugerido mis amigos armenios. Mi cráneo estaba a punto de partirse. Me lavé la cara con abundante agua fría. Tomé una extensa ducha. Había comenzado el ritual acostumbrado. De los dos pantalones que tenía elegí el azul. Tuve menos trabajo para decidir qué camisa ponerme, pues sólo una estaba limpia, aunque un poco arrugada.
“Voy a cambiar de lavadero. Estos tipos me devuelven la ropa como un estropajo. Si tuviera plata mandaría todo a... la tintorería. Estar solo vaya y pase, con el tiempo me acostumbré. Pero además sin guita, esto es demasiado. Siempre mal vestido, siempre dando lástima”, pensé.

Una mañana como todas. Después del baño seguiría el desayuno, el viaje, la oficina, el regreso. Previsible y aburrido. Mientras hacía las tostadas y preparaba el primero de los cientos de cafés cotidianos, consideré las ventajas de ganar una buena suma de dinero en los juegos de azar. Nadie podía culparme por falta de esfuerzo y perseverancia. Una buena parte de mi magro sueldo (una parte cada vez mayor), la destinaba a los más diversos recursos: una vez por semana apostaba a los burros siempre equivocados que me cantaba Mencho. Todos los días compraba un billete de lotería, y además ensayaba múltiples combinaciones de números para acertar con los pozos millonarios que prometían las ofertas de mi vecino y amigo Esteban, el agenciero. Donde había desafíos grupales, dados, timba, ahí estaba yo. Firme. Constante.
“Es cierto que algunos juegos son muy arriesgados. Y si no ganás, tenés que redoblar la apuesta. Me viene pasando hace tiempo. Hace demasiado tiempo. Sin ir más lejos, ayer me endeudé hasta las bolas. Hice una prueba: jugué a la cabeza, a los diez y a los veinte premios, a los dos y a los tres primeros números, con redoblona. Cero ganancia. La columna roja sigue creciendo. Esto es agotador. Me estoy quedando en la ruina. Es que tengo mala suerte. Me baten cualquier cosa. Es preciso buscar otro informante, con el Mencho no va más. Quiero cambiar. Necesito cambiar. Pero no puedo. No es que no quiera, realmente no puedo. Un estilo de vida diferente requiere dinero. De otra manera es imposible. No me engaño. Pero... ¿qué haría yo con mucha plata? Supongamos que gano un pozo de seis millones. No sabría en qué invertirlos. Algunas cosas sé. Haría un viaje alrededor del mundo. También recorrería mi país, que no lo conozco. En vez de pagar este alquiler de porquería - debo como tres meses - tendría mi casa (lo primero es el techo, como decía el viejo). Y seguiría laburando, seguro. Al regresar del viaje pondría un negocio de algo, tal vez un restorán atendido por su dueño. ¡Cómo me cambiaría la existencia! Se me hace tarde. Mejor dejo de soñar estas boludeces. No quiero perder el tren, el anhelado y bien amado tren”, reflexionaba en medio de la angustia y la desesperación.

Una jornada como todas. Volver a entrar al descascarado departamento que no era mío. Regresar reventado de hacer de mandadero a los treinta y cinco años. Ni ganas de comer tenía. Sonó el timbre. Era Esteban.

- ¿Qué hacés Juancito?

- Acá estoy, con la mishiadura de siempre. Si querés cobrar mis deudas de juego, vení el año próximo. O sea, el próximo milenio. No tengo un mango.

- A pesar de tu mala onda, igual te voy a dar la noticia. Preparate, Juan. Ganaste los tres palitos. Estamos salvados.

Ha comenzado un nuevo día. La borrachera de anoche ha sido la peor en mucho tiempo. ¿Cómo cambió todo así, tan rápido? No entiendo nada. A la oficina no pienso ir. Ni loco. Que se joda el dueño. No laburo más. Que busque a otro. Yo me mando solito ahora. Hoy mismo ni bien haga los trámites y me paguen, voy a señar ese caserón en Martínez que tengo visto hace meses. Es tan caro que no lo compra nadie. Señores, yo lo compro. Mañana dedicaré el día completo a la ropa. Voy a llenar la nueva casa con trajes, camisas, zapatos y corbatas para el resto de mi vida. Nunca más la ropa al lavadero. Pasado mañana me compraré ese auto carísimo que siempre quise tener para romper la noche. Basta de soledad. Eso sí, la verdad es que me sacaron bastante plata. Entre el Estado, mi amigo el agenciero y las deudas con mis prestamistas, no quedó tanto. La suma restante la voy a invertir.
Por suerte la fortuna está de mi lado ahora. Lucho, el nuevo informante del bar, me batió la justa. Es una fija que no puede fallar: “Rayo de Sombra”.


PÁGINA 6 – POESÍA

PEDRO ARTURO ESTRADA
(Girardota-Antioquía-Colombia)

INFORME

No pueden cantar, no entienden
la música, no leen. Pero se ríen con sorna
de nuestros cantos, de la música, de nuestros libros.

Nos traen la guerra, clausuran la fiesta,
cierran todas las ventanas.
Por la calle zapatean con fuerza mientras amenazan
con la sombra de sus armas
el brillo mismo del sol en las paredes.

Barbotan sus enormes insultos, sus órdenes,
enseñando los puños.
Toman lo que quieren de nuestras mesas y abrazan
cuando les viene en ganas a nuestras mujeres.
Saben a qué hora soñamos
para controlar posibles fugas al paraíso.
Han echado abajo los templos, los jardines, el silencio.
Están por todos lados.

Pero alguien a punta de palabras
sigue horadando
en lo oscuro.


PÁGINA 7 – ENSAYO

MIGUEL ÁNGEL GAVILÁN
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

MERCÉ RODOREDA

La mujer se conduce, entre hambres, por una callejuela que la guerra dejó sin guirnaldas ni mazapanes. Camina ciega, creyendo en el hombre que le ha tocado en suerte, ese que la abriga sin pedírselo, mientras le habla de sus pájaros.

Siente alivio ante la muerte de las palomas que Quimet, su esposo, alimentaba con ansias de mensajes, antes de los bombardeos. Entre revuelos de plumas blancas, grises, negras, también se agitan los hijos y el recuerdo de la plaza.
Nunca una escritora capturó la desolada entrega de una mujer al claroscuro de la violencia doméstica; ni pintó tan al viento, la renuncia, abierta en herida, del miedo cotidiano.

De “La plaza del diamante” conservo, imborrable, la imagen de Colometa buscando lejía en el mercado para matar a sus hijos porque no puede alimentarlos. Y luego la descripción diáfana y terrible de la sangre en las venas azules de los caídos. Pasajes de intensa poesía suavizan el drama de la humanidad reducida a barro, a promesa, a soledad, que dejó la Guerra Civil española.

Y tampoco olvido las voces femeninas que arman este y otros relatos de Mercé Rododera. Mujeres caídas en el desencuentro, que orillan la resignación como vagabundas, no entendiendo del todo la realidad que las conmueve. Y se interpelan sin sentido: ¿cómo lo que ayer fue promesa hoy es marido muerto, niños que gritan de hambre, caravanas de mendigos en la puerta de la iglesia? ¿Cuándo la vida dejó de estar del lado de los vivos?

Mercé Rodoreda hizo respetar su lengua, el catalán, lo mismo que a una fe. Capturó el pensamiento magro, estéril de aquellos que ven derrumbarse su mundo con esperanzas malheridas, recordando el diamante de una plaza, las calles de la camelia, o el milagro de tener otra vez el reflejo de una familia en un espejo roto.

Luchó para la República; las flores fueron un símbolo dentro de su obra: lo pleno que se marchita, el fin en el comienzo.

Amó la libertad, pero sin caer en sus cegueras.




PÁGINA 8 – CUENTO

GONZALO SALESKY
(Córdoba-Argentina)

CINCO GUERREROS

Llegaremos a Brasilia en dos horas. Nos aprestamos para la gran batalla.
Hace décadas que la opresión viene forjando nuestro deseo de luchar y de ser
libres.
Ajusto mi cinturón y me preparo para el lanzamiento. Mis cuatro compañeros de cápsula están listos. Alfa 9810 tiene los ojos cerrados, quizá por los nervios, quizá por la emoción. Es su primer vuelo fuera del continente. El resto de nosotros tiene algo de experiencia, pero no más valentía.
Mi nombre es Beta 4791. Nací el día doce del primer mes de 2083 en la base europea Esperança, cerca del país que antes llamaban España. No tuve la suerte de conocer a mis padres. Tal vez ellos también estén viajando en alguna de las miles de naves que nuestro Líder ha enviado hacia el Imperio.
Allí, no nos esperan. No conocen nuestras nuevas armas. Ni siquiera saben de nosotros, encerrados en sus enormes burbujas, distraídos por sus pantallas, alienados por sus medios de comunicación… no imaginan que vamos a invadirlos.
*
En mi infancia escuché una hermosa leyenda. Relataba la cruzada de grandes hombres, que liberaron Eurasia de un oscuro tirano.
La comparto para animar a mis compañeros. Delta 0462 me asegura que la
historia es cierta y que ocurrió hace unos doscientos años. ¡Doscientos años!
¿Será así? Ojalá recuerden esta gesta durante tanto tiempo.
Por ahora, no sé nada de Gama ni de Omega. Ni sus números de serie, ni
su edad... Pero en sus rostros veo el mismo maltrato que hemos sufrido como
pueblo.
Pese a todo, pudimos adaptarnos. Siempre lo hicimos. Estamos decididos a
ser libres. Acabo de cumplir dieciocho años y nunca pude decir lo que sentía. Me
acostumbré a hablar en voz baja, a no mirar a los ojos, a callar, a no pensar
distinto.
Con Alfa fuimos compañeros de escuela-cárcel. Doce años completos
levantándonos de noche, picando roca, limpiando el excremento de nuestros
dictadores de América del Sur. Setecientos metros bajo la superficie, casi sin luz ni agua, con poco aire…
La esclavitud ha moldeado y templado nuestro espíritu. Así, aprendimos a
compartirlo todo. No lo que sobraba, lo que faltaba y apenas alcanzaba.
Día tras día, creció en nosotros el sueño de libertad.
*
Pasan los minutos y siento que mi traje me ajusta bastante. Acostumbrado
a la escasez, llevo pocas provisiones. Sólo guardo dentro de mi ropa una fotomóvil de mi futura esposa, que una y otra vez me saluda y alienta. Eso me hace más fuerte y me asegura que esta guerra… esta guerra valdrá la pena.
Seguimos volando, cada vez más rápido, en una de las naves que la
Resistencia ha lanzado rumbo a la capital del Imperio Suramericano. Aquí, como en las otras, hay cinco guerreros dispuestos a todo, uno de cada raza europea.
Kilómetros y kilómetros de orgullo y valor me rodean.
En este momento, en mi pantalla-facial aparece la imagen de nuestro Líder,
que nos repite, con voz serena pero firme:
VAMOS POR TODO. QUEREMOS SER LIBRES...
VAMOS POR TODO. QUEREMOS SER LIBRES...
VAMOS POR TODO. QUEREMOS SER LIBRES...
Con la tranquilidad del que es capaz de dar la vida por lo que ama, me
recuesto sobre la ventana que muestra las estrellas y trato de descansar un poco.
*
Sólo faltan cuarenta segundos para llegar. Me siento feliz. Veo a través de
mi casco que la batalla final ha comenzado. Y estoy seguro… la victoria será
nuestra.
¡Viva la Gran Eurasia! ¡Viva!
Cinco guerreros - Finalista del II Premio de Relato “Taller de Escritores” (Barcelona, España)



PÁGINA 9 – POESÍA  

LUCIAH LOPEZ
(Curitiba,Sul-Paraná-Brasil)

FRACTAIS

Há tanto de mim querendo sair!!
Ganhar os mares e as marés
e navegar com as estrelas marinhas
pelas profundezas da minha alma.

(Não sei qual a cor da minha alma)

Olho para trás para os meus passos
impressos na argila das calçadas
e vejo cascas e borboletas mortas.

E as histórias que eu conto vão ficando presas
nos rabiscos que faço tentando resumir a minha vida
e tudo que eu mais quero nesse momento
é sentir o sal queimando a minha boca
até eu não conseguir mais dizer o seu nome
e afastar de mim
a intenção de querer amar um amor
que não me é permitido.

FRACTALES

¡Hay tanto de mí queriendo salir!
Alcanzar los mares y las mareas.
Navegar con las estrellas marinas
por las profundidades del alma.

(No sé cuál es su color)

Mirar hacia atrás      hacia mis pies
impresos en la arcilla de las aceras
y descubrir conchillas y mariposas muertas.

Las historias que cuento se convierten en presas
de garabatos que hago intentando resumir mi vida
y todo lo que anhelo en este momento
es sentir la sal quemándome la boca
hasta que ya no pueda pronunciar tu nombre
y alejarlo de mí     
por la intención
de querer un amor
que me ha sido prohibido



PÁGINA 10 – ENSAYO

FELIPE PIGNA
(Mercedes-Buenos Aires-Argentina)

LA GUERRA DEL PARAGUAY

La del Paraguay, llamada por Alberdi de la “Triple Infamia”, fue la primera guerra del Estado nacional unificado tras la derrota del interior en Pavón y en ella se estrenó el ejército que había hecho sus primeras armas apuntado contra los propios argentinos que habían osado oponerse al modelo centralista del puerto de Buenos Aires. Las campañas represivas d
e los coroneles de Mitre contra los montoneros del Chacho Peñaloza y Felipe Varela asolaron los llanos riojanos y catamarqueños, arrasando poblaciones enteras que intentaban una última defensa de sus artesanías y su forma de ganarse la vida ante la invasión de los productos importados.
La historia autodenominada “seria” nos enseñó que el Paraguay era la tierra del atraso gobernada por una monstruosa dinastía de dictadores. Para esa versión de los hechos, lo mejor que le podía pasar al Paraguay era la cruzada civilizadora de sus vecinos que le llevarían las ventajas del mundo moderno.

Uno de los “civilizadores”, el Brasil, era el último imperio esclavista de América, gobernado por una dinastía coronada. En él, la mayoría de la población no gozaba de los más elementales derechos humanos. En el Paraguay no había un solo esclavo, en Brasil había dos millones.
El otro civilizador, la Argentina, estaba gobernado por un poder impuesto por el puerto al resto del país mediante la violencia. Nadie votaba libremente en la Argentina de los años sesenta del siglo XIX. La mayoría de la población no accedía a la educación elemental y estaba muy por debajo de los niveles básicos de subsistencia.
El Paraguay, constituía entonces un modesto intento por conformar un capitalismo de Estado. Comparado con los de sus poderosos vecinos, los logros del Paraguay eran notables.
Hasta 1865 el gobierno paraguayo, bajo Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano López, construyó astilleros, fábricas metalúrgicas, ferrocarriles y líneas telegráficas. El Paraguay era la única nación de América Latina que no tenía deuda externa.

No es cierto que los paraguayos eligieran vivir aislados. Sus proyectos de infraestructura se concretaron gracias a la importación de maquinaria y técnicos ingleses que hasta 1865 cubrían el 75% de las importaciones paraguayas. La diferencia estaba en la decisión del gobierno de utilizar la técnica importada para intentar un desarrollo nacional.
En Ibicuy se construyó una de las primeras acerías y fundiciones de América Latina bajo la dirección del ingeniero inglés John William Whitehead. Se tendieron líneas telegráficas entre Asunción y Paso de la Patria, dirigidas por el ingeniero alemán Roberto von Fisher Trevenfeldt, y se construyó el ferrocarril que unía la capital con Trinidad.
Desde la época de Gaspar Rodríguez de Francia, el Paraguay no se cansaba de pedirles a los “liberales” de Buenos Aires “la libertad del Río de la Plata, el Paraná, el Uruguay y el Paraguay como vías internacionales” sin obtener ningún resultado.

Un año antes de comenzar la guerra, el propio presidente Mitre reconocía los logros del Paraguay y elogiaba a su colega Francisco Solano López, comparándolo con el rey Leopoldo I de Bélgica: “V.E. se halla bajo muchos aspectos en condiciones más favorables que las nuestras. A la cabeza de un pueblo tranquilo y laborioso que se va engrandeciendo por la paz y llamando en este sentido la atención del mundo; con medios poderosos de gobierno que saca de esa misma situación pacífica, respetado y estimado por todos los vecinos que cultivan con él relaciones proficuas de comercio; su política está trazada de antemano y su tarea es tal vez más fácil que la nuestra en estas regiones tempestuosas, pues como lo ha dicho muy bien un periódico inglés de esta ciudad, V.E. es el Leopoldo de estas regiones, cuyos vapores suben y bajan los ríos interiores enarbolando la bandera pacífica del comercio.”
Al Paraguay lo fueron encerrando y así se fue consolidando un modelo proteccionista y donde el Estado tomó un rol protagónico. Así se fue creando un modelo de propiedad muy particular basado en las “Estancias de la Patria”, de propiedad estatal, que explotaban monopólicamente los rubros más rentables de la exportación: la yerba y el tabaco. El modelo brasileño era muy diferente, casi antagónico, como señalaba Alberdi: “En vez de consagrar una parte al cultivo de cereales y animales para la subsistencia de la población, lo destinan todo a la producción de azúcar, de tabaco, de café, que los enriquece a ellos a expensas del pueblo trabajador, que muere de hambre.
Nadie quería ir a pelear contra el Paraguay. Para los hombres del interior estaba claro que se trataba de una guerra fratricida. Ante la oposición generalizada, el gobierno de Mitre decidió lanzar una violenta represión y obligar a los díscolos a incorporarse al ejército como sea. León Pomer publica en su libro sobre la guerra un recibo extendido por un herrero catamarqueño cuyo texto es el que sigue: “Recibí del gobierno de la provincia de Catamarca, la suma de 40 pesos bolivianos por la construcción de 200 grillos para los voluntarios [sic] catamarqueños que marchan a la guerra contra el Paraguay”.

Así marchaban los soldados argentinos al frente, esposados, encadenados, absolutamente contra su voluntad.
Mitre había hecho un pronóstico demasiado optimista sobre la guerra: “En 24 horas en los cuarteles, en 15 días en campaña, en 3 meses en la Asunción”. Lo cierto es que la guerra duró casi cinco años, le costó al país más de 500 millones de pesos y 50.000 muertos. Benefició a comerciantes y ganaderos porteños y entrerrianos cercanos al poder, que hicieron grandes negocios abasteciendo a los ejércitos aliados. El jefe de las tropas brasileñas decía: “Nuestros aliados no quieren acabar la guerra, porque con ella están lucrado y empobreciendo al Brasil. Desde que Mitre llegó ha procurado por todos los medios posibles demorar la marcha de las operaciones.”
Al pueblo paraguayo le fue quedando claro que su supervivencia dependía del resultado de la guerra, que se prolongará hasta marzo de 1870 por su heroica resistencia. Francisco Solano López con lo que quedaba de su ejército, su inseparable compañera, Elisa Lynch, la “princesa de la selva”, sus cuatro hijos y sus últimos seguidores que se negaban a entregarse, llegó a Cerro Corá el 14 de febrero de 1870.

Su ejército estaba compuesto mayoritariamente por niños y mujeres, y tenía el jefe de estado mayor más joven de la historia, su hijo Panchito, de sólo 14 años.
Las campanas de las iglesias se habían transformado en cañones que, a falta de balas, disparaban piedras, huesos y arena. Al mediodía del 1º de marzo, las tropas brasileñas llegaron al lugar. La lucha era demasiado desigual y la batalla duró poco.
López, al frente de lo que quedaba de su heroico pueblo, fue herido de un lanzazo. Le ordenó a Panchito proteger a su madre y sus hermanos. Varios soldados se abalanzaron sobre el hombre más buscado por la Triple Alianza. Nadie quería perderse las 100.000 libras que los “civilizadores” ofrecían por la cabeza del mariscal.
El presidente paraguayo se defendió como un tigre acorralado y mató a varios de sus atacantes. El general Cámara, a cargo del pelotón atacante, lo intimó a que se rindiera y le garantizó su vida. Pero a López ya no le importaba sino su dignidad, siguió peleando, bañado en sangre, hasta que Cámara ordenó “maten a ese hombre”. Un certero disparo le atravesó el corazón.
Los soldados atacaron los carruajes que trataban de huir. Panchito montó guardia frente al que ocupaban sus hermanos y su madre, Madame Lynch. Los brasileños le preguntaron si allí estaban la “querida” de López y sus bastardos. Panchito defendió el honor nacional y familiar y fue fusilado en el acto.
A Elisa Lynch le tocó dar la última batalla de esta guerra miserable y despareja. Con toda su enorme dignidad, descendió de su carro, cargó el cadáver de su hijo y buscó el de su marido. Cavó con sus manos una fosa y enterró los dos cuerpos y parte de su vida.
El Paraguay había quedado destrozado, diezmada su población, que pasó de unos 500.000 habitantes a 116.351, de los cuales sólo el 10% eran hombres en edad de trabajar y el resto, viejos, mujeres y niños. Su territorio fue arrasado.

Alberdi hacía su propio balance de la guerra: “la destrucción de los telégrafos, de los vapores, de los ferrocarriles, del gobierno que dotó a Paraguay de esas cosas, de su población de más de un millón de habitantes, los mismos de que ha sido despoblado, libertándolo de López, que no le dejó deuda, para dejarlo en feudo o hipoteca del Brasil y del Stock Exchange, sus acreedores actuales por más millones de pesos fuertes que los que vale todo el Paraguay.”
Un documento reservado dirigido por el marqués de Caxías al emperador del Brasil: nos informa que “El general Mitre está resignado de lleno y sin reserva a mis órdenes; él hace cuanto yo le indico, como ha estado muy de acuerdo conmigo, en todo aun en cuanto a que los cadáveres coléricos, se arrojen a las aguas del Paraná, ya de la escuadra como de Itapirú para llevar el contagio a las poblaciones ribereñas, principalmente a las de Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe que le son opuestas […]. El general Mitre está también convencido que deben exterminarse los restos de las fuerzas argentinas que aún le quedan, pues de ellas no divisa sino peligros para su persona.”
Al terminar la guerra, en un rapto de sinceridad, Mitre declaró: “Hijo de un pueblo que todo lo debe al comercio, y que funda en él la prosperidad del presente, es natural que mis simpatías le pertenezcan y que mi razón esté a su servicio. En la guerra del Paraguay ha triunfado no sólo la República Argentina sino también los grandes principios del libre cambio. Cuando nuestros guerreros vuelvan de su campaña, podrá el comercio ver inscripto en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado.”


PÁGINA 11 – CUENTO

ALEJANDRO CARRIQUE
(Olivos-Buenos Aires-Argentina)

CERCA DE MIS PARES

Caen títeres del cielo y se clavan como semillas de prepo en los jardines del barrio. Desbordan los tanques de agua. Estallan todos los faroles de las calles y forman nubes violetas, suaves y perfectas. Salen ovnis diminutos de los hormigueros más grandes ubicados en el amazonas.
Un ruido superior a la vida se apodera de nuestra conciencia para que seamos felices realmente, o más felices que las cicatrices muertas.
Germinan palabras en mis sesos y me crecen antenas. Ufff… haaafff…, ya me siento más tranquilo y relajado, estoy cada vez más cerca de mi real antepasado.

NO ESTÁ EDITADO

Un libro, se sabe, nunca está terminado hasta que no está editado. Hace años que llegué al final de una novela, y todavía le estoy terminando su peinado, esculpiendo sus uñas. Le saco barritos y le inhibo granos. También borro algunas arrugas, sólo las que restan en la historia y están sólo para no hacer nada. Mañana lustraré sus zapatos y le daré un poco de cuerda. También limpiaré sus zapatillas superpuestas y lubricaré sus notas musicales más graves. Le daré más oxígeno a sus pulmones, y mantendré sólo el humo necesario para que haya poesía. Le agregaré ojales y botones a su traje. Pestañas como arañas en sus ojos y los más bellos balcones a su alcance. Yo me siento en uno de ellos y toco sus ojos; estoy enamorado de lo que no he terminado, porque todavía no está editado.

PROHIBIDO EN EL ESPACIO

Hormonas, sensibilidades y secuelas, destruyen la verdad una vez encontrada.
Hoy el dolor se multiplica en los pliegues del Universo; pero sigo erguido con el horizonte esperándome, sin embargo un par de lágrimas punzantes siguen corriendo por mis mejillas, ida y vuelta en mi memoria llena de recuerdos.
El inconsciente colectivo también quería desunirnos, la magia y las brujas con sus dientes de veneno. Y la vida, la existencia que no soporta a un amor verdadero. ¿Quién de todos ustedes morirá con el real amor al lado? ¿Quién de todos ustedes, será feliz realmente? La vida giratoria transforma lo bueno en decepción en dos segundos del Diablo. La sensibilidad gobierna las mentes y el mal hace lo que quiere, siempre sale ganando, siempre sale victorioso rompiéndolo todo. El mal es una bomba que ha matado lo que yo amaba, pero sigo erguido muy cerca del horizonte, sin embargo un par de lágrimas cargadas de recuerdos circunvalan mi cerebro y en mi memoria con una gran sonrisa te recuerdo.
Los caminos del encuentro no se encuentran nunca, y cuando se encuentran, mágicamente los desencuentran. La vida será morir con un individuo al lado. El amor verdadero, parece ser, no está permitido en el espacio.



PÁGINA 12 – POESÍA

NICULINA OPREA
(Negoiesti-Craiova-Rumania)

REFLEJOS DE AGUA

Reflejos de agua te han captado
dentro de la cual la memoria
derramó sus recuerdos

Esos tiempos
- Yo estoy hablando en los últimos años -
esta deslizando, se fijan la verdad sobre su cuello.

Mi temor da lugar al frío.

Las paredes de la sala se aprietan
En torno a la rosa japonesa
que desafía las leyes
y sin embargo
florece

No
qué lado oscuro te encuentras.

Impotente, me inclino
los bordes de lo desconocido.

Las caras de los objetos
están comenzando a interceptar
nuevas dimensiones:

Caigo en fragmentos
desde las disonancias perdidas de ruiseñores.

"El miedo es una mentira" tú estabas diciendo.
Trato de entrar a la piel de esta memoria,
aunque el latido del corazón
esté forzando la arteria carótida.

DESPUÉS DE TANTAS CAÍDAS

Muy pronto la sombra
no podrá acompañar el cuerpo.

Deben residir en la sangre.

Compartirán el espacio con la muerte
sobre la que acabo de pensar que había muerto.

A veces a través de mi cuerpo sigue funcionando
sin romper mi corazón.

Después miró a la cara,
sigue siendo una emoción como entonces
cuando se cuentan los círculos
en el fondo de la fuente.

Pronto voy a estar sin sombra.

El brillo se convertirá en polvo
sobre el que
nadie podrá recordar nunca más.
Translation  in spanish_ Susana Roberts



PÁGINA 13 – ENSAYO

SUSANA GRIMBERG
(San Juan-Argentina)

CUANDO LOS HIJOS SE VAN.

     Llegando a fin de año, nos sentimos impregnados por el clima de las fiestas, esencialmente la de Año Nuevo que marca el final de un año para dar lugar al comienzo de otro.
     Hablamos de fin de año y de la palabra fin podemos desprender varias cuestiones: el fin como momento de concluir una etapa para empezar otra, y fin como objetivo.
     El fin o final es un momento de concluir cuya importancia radica en que puede dar lugar a lo nuevo, lo distinto, lo singular. Quiero decir que se trata de un tiempo en el que se concluye una etapa, pero que no sólo no se cierra sino que puede ser una etapa que abra a otros fines, otras metas. Esto también está en la palabra fin cuyos sinónimos son también meta, objetivo, propuesta.
     Se preguntarán qué tiene que ver esto con los hijos: si crecer es independizarse, la meta es que los hijos, cada hijo y cada hija, puedan dejar la casa de los padres para armar la propia vida en otro lugar, creado por y para ellos mismos. Para que puedan hacerlo, los mismos padres deben haber alentado el deseo de partir.
     En el caso de los que vivíamos en alguna provincia, donde no había Universidad, no cabía ninguna duda de que íbamos a tener que dejar la casa de los padres para armar nuestra vida en otro lugar donde poder cursar los estudios universitarios. Ese hecho, alentaba tanto a los hijos como a los padres: los hijos debían partir.          
     Podríamos afirmar que es la ley de la vida: los hijos se independizan y dejan el hogar familiar.
     Para los padres, que el hijo haya podido tomar la decisión de partir, debería ser lo “esperado”. Sin embargo, para los que dedicaron todas las energías al cuidado de los mismos, alejándose de intereses más propios como la realización personal en otro ámbito, son los que más tienden a padecer el síndrome del nido vacío y a esa cuestión voy a referirme en esta nota.

EL NIDO VACÍO

     Elegí este título que tomé de la película argentina, dirigida por Daniel Burman, porque trata, no sin humor, la problemática de un matrimonio, a mi parecer un tanto desencontrado, cuando sus hijos deciden irse de casa. El vacío que se produce cuando los hijos crecen y se alejan del hogar, revela las grietas existentes en el matrimonio.
     El sentimiento de malestar, soledad, tristeza y vacío consecuentes, nace en algunos padres cuando uno o más hijos se van de casa, ya sea para ir a estudiar a la universidad o para emanciparse. En general, suele afectar, principalmente, a la madre, pero muchas veces el padre, también padece este síndrome.
     Se trata de padres muy dependientes de los hijos, tanto que, cuando los mismos deciden independizarse, no saben qué hacer y no ocultan el sufrimiento que les causa la partida del hijo. Las que más sufren son las madres, fundamentalmente las que no trabajan fuera de casa. Quiero decir que, aunque trabajen en la casa, al no ser un trabajo rentado, no lo consideran un trabajo de verdad. Por ejemplo: cuando se le pregunta a una madre si trabaja, seguramente va a responder que no, porque no cobra ningún salario. Y va a decir que no, aunque trabaje día y noche, sin límite de tiempo.
     Cabe destacar que no se trata, literalmente, de un nido vacío, porque cada uno tiene actividades para hacer independientemente de si es lo que quiere hacer en su vida o no, sino que se trata de la sensación de vacío en la pareja. Aparecen los silencios y lo no dicho a tiempo. La pareja debe reorganizarse y alcanzar una nueva estabilidad a partir del cambio.
     Cuando la partida de los hijos es vivida por los padres como un acto de abandono o de falta de reconocimiento, no reconocen que si los hijos pueden separarse de los padres en pos de un futuro mejor, es por lo que ellos mismos supieron transmitirles. Al no reconocerlo, estos padres, empiezan a padecer trastornos del sueño, como insomnio o frecuentes sobresaltos nocturnos además de desarrollar síntomas asociados a la depresión, como la fatiga o la falta de concentración a lo que se agregan fuertes dolores de estómago, mala digestión o, hasta lumbalgias.
La pena de la separación
          En mi libro de poesías: “Sinfonía Mayor”, al referirme al nacimiento de Caín, escribí: “Es otro, / lo sabe. / Se irá, / lo sabe. / No hay dolor. / Hay pena. / Una tristeza que alegremente duele. / Duele la pena de la separación.”
       
     Sigmund Freud nos enseña que la actitud de padres tiernos hacia sus hijos, hay que considerarla “como renacimiento y reproducción del narcisismo propio, abandonado mucho tiempo atrás”. Es por eso que los padres atribuyen al niño toda clase de perfecciones y encubren y olvidan todos sus defectos, además de necesitar que el niño tenga mejor suerte que sus padres. “Enfermedad, muerte, restricción de la voluntad propia, no han de tener vigencia para el niño, las leyes de la naturaleza y de la sociedad han de cesar ante él, y realmente debe ser de nuevo el centro y el núcleo de la creación. His Majesty the Baby, como una vez nos creímos”.
     Pero todo lo que acabo de transcribir, se refiere tan sólo a los primeros años de vida. Puede vivenciarse hasta la adolescencia pero nunca más allá. Por algo, el pensamiento judío considera que la niña es una mujer a partir de los doce años, cuando se celebra el Bat Mitzva, mientras que el hijo varón es un adulto a partir de los trece años, momento en que realiza el Bar Mitzva.   
      Hay una conmoción fuerte cuando nacen los hijos y otra cuando ellos parten. Sin embargo, el hijo no es propiedad de los padres. Ellos lo aman, lo cuidan, lo acompañan en el crecimiento, lo educan y le dan las herramientas para que pueda separarse y acceder a un futuro mejor.  
     Cuando el hijo decide dejar la casa de los padres, es fundamental que los padres puedan alentarlo, ayudarlo y acompañarlo en este propósito, lo que implica que aceptan la nueva situación.   
     Quiero recordarles que Los Diez Mandamientos se instauran a partir de un “No” (no matarás, no robarás), necesario para que la vida sea posible. Sólo hay dos mandamientos afirmativos: honrarás el sábado y hon­rarás a tus padres.  
     El primero instaura un día de descanso, paso esencial en la historia de la humani­dad, instante de pausa, diferencia introducida en el tiempo por obra de la palabra.
     El segundo da cuenta de la deuda simbólica que contrae un hijo por existir y no es sin el precepto "Ele­girás la vida".
     Y, para elegir la vida, es necesario partir de la casa de los padres. Partir para poder incluso volver, siendo otro, con una vida propia.
 “No encontré el mundo desierto cuando vine a él: mis padres plantaron para mí antes de que yo naciera. Yo plantaré para los que vengan detrás de mí”. Talmud.


PÁGINA 14 – CUENTO

JORGE M. TAVERNA IRIGOYEN
(Santa Fe-Argentina)

EPIFANÍAS

Jesús vuelve a nacer en los pesebres del nuevo siglo. Pero los Reyes Magos han quedado rezagados en Oriente, comprando brillos para el asombro de todos los niños del mundo.
Antonio pregunta por qué no llegan. Marina se angustia. El arcángel que está sobre el pesebre cierra los ojos y pone un índice sobre los labios. (El Niño no llora, porque es de mazapán).


Dicen que sólo los pesebres de Belén no necesitan luz: están iluminados por la estrella que guía a los pastores. El viaja para comprobar si lo que escucha es verdad, pero en Tierra Santa han cerrado los templos por la vecina guerra y en el cielo sólo ilumina el fulgor de la pólvora disparada…



PÁGINA 15 – POESÍA

SALVADOR PLIEGO
(México DF-México)

CREPITACIONES DE LA POESÍA

VIII
ALAS DE LOS VERSOS

Subo sin límites, sin alas,
donde los bordes se doblegan,
donde las cimas empequeñecen
sus picos y vertientes,
más allá de la altura imprevisible
o los linderos que fabrican
con sus cercas las rutas ascendentes
hacia la absoluta libertad del tiempo,
hacia la sola salvedad de saberse uno mismo.

¡Oh cálamos del verso columpiándose
en las constelaciones multitudinarias,
o en los arcos puros de los navegantes seres
que el espacio desprendiera de sus inmortales soles!
¡Oh letras de los astros que destellan
para ofrendar la luz al vuelo
y a la semilla regalarle el éxtasis
de ver el fruto columpiándose en sus ramas!

Sigmas de las columnas
que con sus grafos heredaron
la sideral memoria
para perdurar entre mayúsculas
en los ancestrales alfabetos:
voy hacia las gredas
donde el viaje llama al aroma
o al aserrín desde su propia cueva,
donde el Coatzacoalcos florece
sus extensos brazos
para regalar piedras de quetzales y tapires.
Sobre el corazón que vuela
(ancha letra desprendida),
mi cabellera se hace lacia de veredas y andadores,
y se posa en las candelas de las coplas y sentinas.

Bordes de la mira
apuntalando al todo y a los claros,
como si el amarillo fuera su corazón
y su seducción volcánica,
o la misma oscuridad de la tierra
en la palpitación de sus veneros;
como si sus manos, colgadas de los cipreses y abismos
o de los pétalos nacidos de la divinidad
de los colores en sus marmóreos capullos agostados,
crecieran desde lo más hondo de la vida.
Díganme: ¿qué pájaro fui?,
¿qué parte del arbusto y de la greda?,
¿qué mímica de los sonidos?
¿qué número entre las sumas
que contaron la fragancia y la pureza?
¿qué hombre entre los hombres
y qué individuo fui entre ustedes?

No soy yo el poeta de las aves,
ni de los arrullos,
ni de las partículas de luna alumbrada,
ni de la flor que al pétalo le hablara
cuando en la superficie de los sueños ya volaba,
o navegaba en tantos mares,
o sobre la magnitud de piedras colosales.
Pero vengo a hacerme parte,
apuntando y anotando,
escribiendo los preclaros
en un telar de cien palabras,
de mil noches con su espuma abrazada,
de mil calandrias palpitadas,
de mil niños balbuceando.

Déjenme mostrarles:
éste es el corazón,
y voy sintiendo… y va volando...
hacia el mar, ¡lo sé!...
hacia la costa descubierta,
hacia la vida… escalando,
hacia la hechura de lo humano.
Voy a escribir el acero y el cobre ardiente
a que temple la herida de mi mano,
a apuntalar mi aorta con la viga
de un socavón que vio su joya
brotando de aquel barro,
de un ónix nuevo que, aún negro,
escúchole palpitando.
 
Éste es el corazón…
Hacia el mar, ¡lo sé!...
como un poeta de agua y sal,
como un bergantín que azul se va,
como una aurora que en la cresta sale a pescar,
como un jazmín de anzuelo para versar.

¡Hacia el mar… hacia el mar!
¡Éste es el corazón!…
¡Lo sé!




PÁGINA 16 – COMENTARIOS DE LIBROS

JUAN OCTAVIO PRENZ
(Mar del Plata-Buenos Aires-Argentina)

Libro: SON DOS LOS QUE DANZAN
Autor: JOSE MARIA PALLAORO

BÚSQUEDA Y DESCUBRIMIENTO

Hay cosas, fenómenos, etc., que nunca llegarán a la palabra, ya porque jamás tendrán un nombre, ya porque pertenecen a esa zona de la realidad que el hombre nunca llegará a percibir. Wittgenstein, tal vez el filósofo del lenguaje más apasionante del siglo XX, sostiene que todo aquello que llega a la palabra tiene que ser dicho claramente. Es la primera impresión que me asalta al encontrarme con Son dos los que danzan. En Pallaoro la palabra cumple honestamente con esa primera misión que es la de designar, a partir de lo cual son posibles todas las variantes connotativas y sin la cual existe siempre el peligro del abismo o del caos. En el supermercado lingüístico en que se ha convertido nuestro mundo, el cuidado por la palabra de que hace gala Pallaoro no es habitual. Llaneza, que huye de la banalidad, palabra que es roca o miel, cuando el objeto a expresar así lo requiere, que hiere o enternece, su poesía quiere apuntar al blanco con la precisión de la flecha. No es gratuita esta figura; los textos de Pallaoro sacan al lector de su modorra, lo obligan a reflexionar, a plantearse su condición humana, sin que, por ello, lo desvíen de ese requisito elemental de la poesía en cuanto arte: el deleite estético.
En el segundo de los ciclos de este poemario, “La claridad”, el autor nos desnuda su poética. No resisto a traer a colación aquí a Vasko Popa, para mí el más grande poeta europeo de los últimos cincuenta años entre cuantos he leído. Popa no ha concedido jamás una entrevista en toda su vida porque todo cuanto quería decir lo había dicho en sus textos y confesaba que la mejor poesía le parecía aquella a la cual no se le podía agregar ningún comentario. Me sucede un poco con los poemas de este segundo ciclo. ¿Qué agregar,
por ejemplo, a “El poder de una palabra/no radica en la voluntad de poder//decir aquello/que los demás/quieren
escuchar//El poder de la palabra//es un certero golpe/en la cabeza del silencio//Y de esa cabeza/–estallada en/ el aire–se arma el mundo//a imagen y semejanza?”. Nada, pues, de concesiones al lector o a la facilidad de ese discurso poético que tiende a la comodidad o pereza
mental del destinatario; no, pues a la complicidad complaciente con lo ya sabido, sino al desafío que implica poner en tela de juicio nuestra visión del hombre y del mundo. O, ¿de qué modo glosar esta ubicación
8 / los que danzan Son dos / 9
del hombre y del poeta en la realidad que aparece en versos como “Ser uno/entre tanto otros //Pensar/nuestra pequeñez/como lo más importante/que nos pudo haber pasado” o “Palabras /que no invadan/ al otro//Tan solo palabras/para mirarse/ en el otro”, o estos delicados versos que nos trae reminiscencias de Vicente Huidobro: “Escribo/ sobre el charco/azul//palabras//que se hacen nube//y lluvia”. O qué más decir de esta verdadera profesión de fe en la poesía, que Pallaoro considera su refugio en el mundo: “Convertiré mis manos/en hojas de fuego//para que vuelen//incendiaré la noche/con palabras”.
Quiero detenerme en una circunstancia que me parece emblemática. Como es fácil comprobar hay una palabra que constituye una verdadera inflación en el campo de la poesía, una especie de comodín, a menudo para delinear fronteras o para simplificar algún problema de naturaleza poética. Esta palabra es sueño. Si mi pesquisa ha sido exacta, Pallaoro utiliza esta palabra solo en tres ocasiones, pero en una de ellas de un modo determinante. “Para qué dormir/ si en sueños//el cielo es el cielo/la tierra es la tierra//y nosotros/dos pájaros/que se cruzan/y no se reconocen”. Si, por un lado, parece proponernos la vigilia, por otro nos muestra una adhesión a la realidad cotidiana que convierte en sospechosa cualquier tentativa de evasión. Esto me permite sospechar que, para Pallaoro, la felicidad tiene otros caminos, ajenos a la fuga de la
realidad y que arraigan en la confianza hacia el ser humano y en la posibilidad de construir un mundo mejor, a partir de nuestra experiencia cotidiana. A favor de esta adhesión a la realidad, habla
también su ciclo “Nada fuera de lugar”, donde el dolor, la ausencia, la muerte, el destino, encuentran su digna y considerada expresión.
El titulo de este último ciclo, aparte de constituir una definición de su modo de hacer poesía, me permite entrar en otra consideración. Ya en los años treinta (no ayer) se había acuñado el término posmodernismo y con él se preanunciaba la caducidad del endiosamiento del arte, la desmitificación de los héroes, el regreso a una realidad concreta, con el hombre libre, cotidiano, como gran protagonista y, en el campo artístico la sospecha acerca de los principios que animaban a las vanguardias. Como lo sabe el lector,
el posmodernismo dista mucho de tener una definición homogénea e uniforme, de tal manera que, aplicado a un autor, solo podemos hablar de la presencia en su obra de algunos elementos definitorios. En el caso de Pallaoro, creo que estos elementos abundan.
Diría, por último, que su poesía es también búsqueda y descubrimiento, enajenable experiencia humana, como se desprende
de su poema “Colores”, donde podemos ver alguna reminiscencia de Gelman: “No entiende de colores/confunde el encarnado con la lealtad/lo racional con la esperanza/y la pureza con la obscenidad//No entiende de colores/por eso pinta”. Ningún paisaje es tal, antes de que la poesía nos lo haya descubierto. Es una idea de Cesare Pavese.
Tal vez esto último sea el mejor corolario de cuánto hemos querido decir aquí.
Buenos Aires-Mar del Plata, febrero de 2012.




PÁGINA 17 – CUENTO

IRMA VEROLÍN
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

UNA MUJER EN EL CEMENTERIO

La harina del tiempo es muy intangible. Es amasada en el aire, en el mismo aire que se respira, el aire que se hace viento y se impone a la voluntad de los planetas. Ella lo sospechaba la tarde en que fue al cementerio a revolver recuerdos siempre confusos. Ella contaba sus recuerdos como figuritas y nadie la contradecía en la soledad blanda de su departamento o en el largo camino al cementerio en aquel colectivo rechinante. Una tarde miró la tumba vecina en la que otra mujer musitaba palabras inaudibles. La cabeza gacha, un poco inclinada sobre sus rodillas. Ella vio a la mujer y contempló la tumba casi igual a la suya, pulcra, cuidada. Se vio a sí misma en la mujer como en un espejo inmenso donde  la tierra era apenas un planeta diminuto. A partir de aquella tarde empezó a amasar nuevos recuerdos que partían de ese presente transformado en reciente pasado: la tarde, el cementerio, las dos tumbas.  Qué extraña es esta vida, se dijo, el tiempo se mezcla con lo que no debiera. Es como el aire. Y respiró profundo, profundo. El tiempo dio un revés dentro de ella misma y se plegó mil veces y  después reanudó su marcha.


DETRÁS DEL VIDRIO

Recordó las mantillas de tul que usaba cuando era chica para ir a la iglesia, las bombachas de organdí que le regalaron en sus quince años cuando todo era promesa, aquel mantel de batista que tanto le gustaba a su madre y las cortinas con grandes perforaciones. Todo era transparente ahora que podía ver del otro lado del vidrio esmerilado a su marido haciendo arcadas y ruidos que presagiaban un final. Preguntó: ¿Estás bien, querido? Y del otro lado la voz de un hombre le hizo sentir que el mundo se recomponía, un mundo lleno de agujeros en el que ni siquiera los maridos tenían nombre.



PÁGINA 18 – POESÍA

DIANA POBLET
(CABA-Buenos Aires-Argentina)

LO IMPOSIBLE

El incendio se instaló en mi pecho
lo temido
llegó hoy con brazos trémulos
la última pulseada se queda aquí
circunscrita a esta aldea
a nuestro defendido espacio del no pasarán
lloro por las manos

algunos quedarán sin regreso
ardiendo entre antropoides
sumarán ausencias sin reemplazo
luciérnagas descuartizadas
eructan los volcanes
se atomizaron los maleficios
lo sospechas
lo sabemos
transporto certeza de haber perdido por knock-out
mi batalla final
la decisiva
la que se cabalga con traje mallado
la que pudo mudarte
y cambiar mundos.

Llevo sangre en los ojos
y me lloran las manos.

EL SITIO DE LAS COSAS

Un cajón para las cartas otro para herramientas
otro para hilos otro para chocolates
qué orden estático preserva lo insignificante
cuando creo haber olvidado adónde te guardé
en cuál porta traje enfundé mis dolores
en cuál envase plástico coloqué lo aprendido.
Recorro armarios con el alma en vilo
no existen certezas sobre tu ubicación geográfica
no sé si encontrarte en mi sur o en mi norte
sólo tengo un incendio de bosques
en el centro noreste del pecho.



PÁGINA 19 – ENSAYO

LIC. WASHINGTON DANIEL GOROSITO PÉREZ
(Montevideo-Uruguay)

EL FÉNIX DE AMÉRICA DONÓ SU TESORO A LOS POBRES

El hallazgo del testamento del sacerdote José de Lombeyda Ward  a inicios del 2011 en el Archivo General de la Nación mexicana, fechado el 15 de junio de 1695 en el cual se establece que Sor Juana Inés de la Cruz, dona su biblioteca para ser vendida con el objetivo de obtener recursos para ayudar a los más necesitados es un documento fundamental para entender la vida de la monja jerónima.

Un experto en la temática como lo es el Maestro en Letras Alfonso Soriano Valles, considera que este hallazgo no es menor, ya que hasta hace unos años la creencia era que la poetisa había sido obligada por al jerarquía católica a deshacerse de su bien más preciado,  su tesoro: su biblioteca.

Recordemos que la biblioteca de la también llamada “Décima Musa” ubicada en su celda de claustro llegó a superar los 4000 volúmenes y fue considerada la más grande del Virreinato de la Nueva España y de América Latina en su época.

Para Soriano Valles el documento confirma tanto la religiosidad de Sor Juana Inés de la Cruz, como su luminosa actividad intelectual.

Pero ¿por qué el padre José de Lombeyda Ward fue elegido como agente para la venta de sus libros? Se sabe que el sacerdote fue un amigo que acompañó a Sor Juana a lo largo de buena parte de su vida.

Lombeyda por ejemplo, cuando las Jerónimas la aceptaron como hermana profesa, fue uno de los otorgantes de la toma de hábito y bendición el día 8 de febrero de 1668 y un año después testificó en su testamento.

Este documento confirma lo que dos personalidades habían adelantado en sus obras sobre Sor Juana, Diego Calleja, un jesuita que fue el escritor de su primera biografía y el obispo Juan Ignacio de Castorena, quien es considerado el primer periodista de México.

Ambos intelectuales certifican que los donó para “enajenarse evangélicamente de sí misma” y “dar de limosna hasta su entendimiento en la venta de sus libros, su precio puso en el erario de los pobres, las benditas manos de su prelado, el esclarecido doctor don Franciscote Aguiar y Seijas, dignísimo arzobispo de México”, según testimonio del primero.

Según Valles, el padre Lombeyda entregaba el dinero proveniente de la venta al entonces arzobispo Aguiar y Seijas, para que éste hiciera las obras de caridad correspondientes. Pero Lombeyda murió en 1695, por lo que dispuso en su testamento que el arzobispo se quedara con lo que restaba.

En el verano de 1691 llovió incesantemente en el valle de México y Puebla; como consecuencia se perdieron las cosechas y la capital virreinal se inundó. La situación de emergencia se produjo al año siguiente, sin que el gobierno lograse mejorarla.

La problemática desembocó en una revuelta popular que estalló el domingo 8 de junio de 1692 la más grave que sufrió la ciudad de México durante todo el virreinato. La escasez duró hasta 1693 y afectó a todas las clases sociales sin excepción, aunque fue muy grande la mortandad entre los indígenas.

De ahí que Sor Juana o el “Fénix de América”como se le bautizara posteriormente debido a la importancia de su obra decidiera vender su biblioteca (“quita pesares”, como la llamaba), donar su tesoro para ayudar a los habitantes de más bajos recursos de la ciudad de México.

La separación de Juana y sus libros sin lugar a dudas debe haber sido la más difícil de su vida aunque seguramente fue superada por el don de gentes y amor al prójimo de la escritora.

A principios de 1695 una epidemia entró en San Jerónimo, y Sor Juana cuidando a sus hermanas, cayó enferma, enfermedad que la llevará a la muerte el 17 de abril de ese año, día que como dice el padre Calleja fue para ella “el principio de la eternidad”.

Al morir Sor Juana tenía 46 años. En el libro de profesiones del convento había escrito meses antes: Aquí arriba se ha de anotar el día de mi muerte, mes año, suplico, por amor de Dios y de su Purísima Madre, a mis amadas hermanas las religiosas que son y en lo adelante fuesen, me encomienden a Dios, que he sido y soy la peor que ha habido. A todas pido perdón por amor de Dios y de su Madre:

Yo, la peor del mundo:
Juana Inés de la Cruz



PÁGINA 20 – CUENTO

NORTON CONTRERAS ROBLEDO
(Malmö- Skåne -Suecia)

EL DÍA MENOS PENSADO

Desde sus primeros días de vida y hasta el último de ellos, José Miguel, recordaría el ruido de la lluvia al caer sobre los tejados y sobre los grandes ventanales de la casa. Era un ruido constante y armónico que solo pudo identificar muchos años después cuando a sus oídos llegaron los acordes de un concierto de Antonio Vivaldi.  El ruido de la lluvia y el olor que esta impregnaba a la tierra, lo acompañarían durante toda su vida como si estuviera pegado a su piel. Era un aroma a hierba menta, cedrón, albahaca, y esencias de flores que entraban por todos los rincones de la casa invadiendo la cocina, el comedor, la sala de visitas y que continuaba por los corredores hasta llegar al dormitorio de José Miguel. Se detenía a los pies de su cama y ante su asombro se sentía y veía levantado en el aire y mecido suavemente con arrullos de madre. Con sus ojos casi cerrados por el sueño sentía cuando de nuevo era depositado en la cama. Él no entendía lo que pasaba y cada vez que esto sucedía se preguntaba que podía ser.  En busca de respuesta decidió contárselo a su padre, Juan José Sanfuentes. Pero este por esos días estaba poseído por la idea de encontrar el oro que según la leyenda había enterrado los indígenas a la llegada de los españoles. Y más que nada ocupado de reclutar militantes para la célula del partido que él y sus hermanos José Del Carmen, Nataniel Artemio, Y Don Pablo Rojo habían constituido en el pueblo de canela. Es por eso que cuando el niño terminó su relato, su padre le respondió sin prestarle atención y sin mirarlo a los ojos - seguros que todo eso lo has soñado, todo eso deben ser sueños tuyos--. José Miguel sabía que todo eso era real y que la respuesta la encontraría el día menos pensado.  Muchos años después, en los sótanos de la prisión de la dictadura militar, amarrado y maniatado y a punto de dar el último suspiro, escuchó el ruido de la lluvia caer sobre los tejados y el patio de la cárcel. Le pareció que toda su piel se puso en alertad y en actitud de entrega. Entonces todos sus sentidos sintieron el olor a tierra madre, a sus narices llegó el aroma de las hierbas y la esencia de las flores que llenaban todos los espacios. Sintió que las amarras se desataban y caían al piso. Se sintió levantado por los aires. Vio a sus carceleros con los ojos desorbitados por el miedo y el asombro, los vio persignarse al mismo tiempo que exclamaban, ¡Ave María Purísima!  Fue lo último que percibió porque el olor y las esencias eran tan fuerte que sintió que sus ojos se cerraban y todo a su alrededor desaparecía. Cuando volvió en si estaba en el Jardín de una casa inmensa y vio en un mástil. La bandera de un país que había visto en un libro de geografía en sus años de estudiante. Fue entonces que tuvo la respuesta que su padre no le pudo dar y que el mismo había buscado durante todos esos años. Quedó asombrado de su asombro cuando tuvo la revelación de que todo lo que le había acontecido en su niñez y hacía unos minutos, no podía ser nada más que obra del espíritu santo.



PÁGINA 21 – POESÍA

TRUDY POCOVÍ
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

Almirante de barcaza
Adelantado de río
No tiene nave tu infancia
Tiene frío.

PAISAJE DE CANOAS Y AGUA

Amo este paisaje
de agua y de canoas,
amo este infinito
de redes y aparejos,
el cielo fundido en la laguna,
el sol desdibujando la orilla
y el hechizo guaraní
en los camalotes descendido.

Sí, amo este paisaje
aún en la crecida,
en el hambre, en los vagones,
en la muerte lenta de la limosna
-préstamos de vida-
porque siempre hay una esperanza
en la bajada.

Única posesión de los sin-tierra,
única riqueza de los sin-nada
este paisaje de canoas y agua.

SIN MIRAR

Carne    Hambre    Huesos
Tus ojos
                        en el cuenco
de mis manos.
Carne    Barro     Sueño
Y esa desnudez de penitente
que me ciega la disculpa
ésa que te debo
                                   -o me debo-
por no haberte visto antes
                                               (antes de esta inercia que me retiene
                                                                                                   el alma)
por no volverte a ver.

Carne    Manos    Manos
Muchas manos
                                   que agitan
su vacío en los bolsillos
y en el pórtico
                                   desoxidan
el olvido de un pecado
                                   o te dan
sin mirar una moneda.
                                                 Yo igual.
Jamás sabré
dónde escondés los miedos.



PÁGINA 22 – ENSAYO

SILVIA DELGADO FUENTES
(Sopelana-Euskal Herria)

LOS LOBOTOMIZADOS DE LA LETRA, EL CANTE Y EL ARTE

He necesitado un tiempo para reponerme, un tiempo, en el que he tratado de comprender por qué la gente suscribe el manifiesto exigiendo democracia a Cuba.
Es como si estuvieran tuertos o parcialmente ciegos o sencillamente ciegos y no vieran cosas que a la vista de todos están.
Esta gente que mueve el culo y la pluma para pedir libertad en países soberanos, no dicen nada sobre lo que ocurre en esta casa que algunos llaman España.
No saben de la tortura. No saben de los partidos políticos ilegalizados, no saben de los presos políticos que están en las cárceles, no saben de los medios de comunicación cerrados, de la violencia, no saben y si lo saben callan.
Enfermos de vanidad mueven la cola
Hacen propaganda grosera, masturban el sistema.
Se convierten en inquisidores, en vigilantes de su democracia tan vacía de justicia y como hace quinientos años, sueñan con llegar a América y reconquistarla con su verdad a medias.

Son la sociedad de los imbéciles, de los útiles, de los que se lanzan al linchamiento y ponen su jabón para limpiar la sangre.
En su falso escenario representan la opereta, el desatino, sirven de coartada y sonríen con la mano sobre la ceja. Huelen a podrido, a rancio, a oportunismo. Viven en un país de espejismos.
Son los lobotomizados de la letra, el cante y el arte.
¡Y a mí me dan tanta vergüenza¡



PÁGINA 23 – CUENTO

EDUARDO R. AYLLÓN
(Madrid- España)

GERMÁN

Varios cabos, recogidos en forma de bobina sobre la cubierta principal de popa, servían de asiento al pequeño grupo de engrasadores y marineros que todas las mañanas,  a las ocho y media, interrumpían su trabajo para desayunar. Amarrado, con una mar en bonanza, el barco permanecía casi tan estable como la tierra.

La tripulación del Mina Senta, un carguero de ciento diez metros de eslora dedicado al transporte de cabotaje, esperaba pacientemente el final de la huelga de los estibadores que debían vaciar sus bodegas.

Acabado el descanso, volvieron todos a las faenas  habituales que se llevan a cabo en puerto, por regla general, bastante diferentes de las que se realizan durante el tiempo de navegación. Salvo algunas excepciones, no era necesario trabajar por la noche ni hacer turnos, toda la tripulación comenzaba a la misma hora por la mañana temprano y a las seis de la tarde acababan la jornada. El contramaestre había decidió dedicar el día a tareas de pintura en la proa y hacia allí se dirigió con sus tres marineros. Por su lado, el caldereta quiso aprovechar para limpiar de grasa y hollín los mamparos interiores de la sala de máquinas, desde la sentina hasta la punta más alta de la chimenea. Los tres engrasadores comenzaron por el nivel más bajo, limpiando con trapos, estropajos y escobones hasta donde alcanzaban con los brazos; una vez terminados los dos primeros pisos instalaron andamios improvisados con viejos tablones apoyados en algún saliente. A partir de este segundo nivel no había plataforma, las paredes ascendían en vertical alcanzando la altura de tres o cuatro pisos, hasta llegar al nivel de la boca de la chimenea. Según subían, las paredes iban estrechándose y disminuía la luz. Manuel tuvo que abrir, desde el exterior, las dos lumbreras metálicas situadas en la parte más alta de la sala de máquinas para iluminarla un poco más; mover esas grandes planchas no suponía mucho esfuerzo para personas fornidas, habituadas al trabajo duro, pero para un joven estudiante como él, acostumbrado a levantar sólo el peso de su bolígrafo, esta simple acción se convertía en algo casi heroico.

Durante el verano era habitual ver a estudiantes de la marina mercante trabajando en los barcos; suponía una buena oportunidad para ganar dinero y afrontar el siguiente curso con el bolsillo lleno. De esta forma podían también conocer en la práctica su futuro trabajo, si bien, una vez acabados los estudios, formarían parte del grupo de oficiales, pasando a ser responsables de aquellos con los que ahora trabajaban. Germán, compañero de Manuel, estudiaba la especialidad de puente y por tanto, le pusieron a las órdenes del contramaestre. Ambos eran buenos camaradas. Hay circunstancias en la vida que propician la amistad y el acercamiento entre los seres humanos, como este primer alejamiento del hogar familiar para sumergirse en un ambiente ajeno y totalmente nuevo, rodeado de personas desconocidas, conviviendo día tras día, a todas horas, en un espacio reducido.

Después de diez días parados en el puerto llegó la esperada noticia de que los estibadores habían terminado la huelga. En unas horas descargaron las bodegas y a las ocho de la tarde se iniciaron las maniobras para hacerse a la mar. Los marineros se afanaban por la cubierta retirando escalas y cabos. En la sala de máquinas el primer oficial junto con el segundo, el caldereta y el engrasador, arrancaron los motores y permanecieron  atentos a las indicaciones que llegaban desde el puente, acompañados de un ruido ensordecedor. El caldereta dio a Manuel la instrucción de ir inmediatamente a abrir la tapa de la chimenea. Para Manuel esta era otra de las maniobras heroicas; había que salir al exterior, subirse a la parte más alta del buque, hasta una plataforma de unos cuatro metros cuadrados, y allí levantar la tapa, una pesada pieza redonda de metal. Después de un gran esfuerzo consiguió hacerla girar sobre sus goznes y darle la vuelta.

Rumbo oeste, hacia el cabo San Vicente, haciendo antes escala en Huelva para cargar mercancía. De nuevo la rutina de la navegación, los turnos de guardia, dormir de día, trabajar de noche y después a la inversa.

Manuel y Germán, ilusionados aún por su primera experiencia marinera, observaban con cierta incomprensión la imagen de hastío y tristeza que se dejaba ver en la tripulación experimentada. Les gustaba hablar de lo que habían estado haciendo durante las guardias, comentar cualquier detalle, por nimio que fuera; todo les parecía interesante y novedoso. Especulaban sobre sus futuros viajes, una vez terminados los estudios y  los diferentes continentes y países que iban a conocer. En el futuro no se dedicarían, como en esta ocasión,  sólo a recorrer la costa, su meta era darle varias vueltas al mundo, llegando hasta el último rincón.

Al ir a dormir, el imponente ruido de los motores de la sala de máquinas llegaba a los camarotes transformado en  un suave ronroneo; unido al sonido de la mar componía una  música que acompañaba  el sueño, como  una  nana, mientras el cabeceo y balanceo del buque mecían la cama en un permanente vaivén desacompasado.   Desde la portilla  del camarote, situado a la altura de la litera alta, Manuel observaba las ondulaciones del agua y la costa lejana. De noche el ojo de buey parecía la entrada angosta de una cueva negra e infinita

Al  mediodía llegaron a Huelva. El práctico subió a bordo y comenzó a dar instrucciones mientras el remolcador llevaba el buque a puerto. Una vez llegaron a su lugar en  el muelle empezaron las maniobras de atraque. El contramaestre indicó a los marineros que se situaran a proa y a popa para iniciar las maniobras de amarre de costado; salvo Germán, todos conocían bien su oficio. Desde tierra dos operarios anudaron a los bolardos los cabos que les lanzaron desde el barco; los marineros comenzaron a girar los cabrestantes mientras las amarras, al enrollarse, iban acercando el buque hacia el muelle. Las estachas tiraban con fuerza de la embarcación, aguantando el enorme peso de sus miles de toneladas. Una de ellas no soportó la tensión y se rompió, barriendo la cubierta como un látigo descontrolado. Germán, haciendo que hacía, sin saber muy bien como ser útil, la encontró en su camino. Como una guadaña en un movimiento certero de siega,  pasó por su cintura. Cayó al suelo. Todos acudieron en su auxilio, pero fue inútil. Su joven cuerpo, partido en dos, yacía muerto sobre cubierta.



PÁGINA 24 – POESÍA

GRACIELA WENCELBLAT
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

ELLAS

Ellas llenan de voces la noche
perturban con caricias 
sus manos ataviadas de perlas
se reconocen y se abrazan
desdoblan sus bocas
para  enloquecer los instantes.
Llevan flores blancas en el pelo
bellísimas anudan en sus cinturas
ecos de ámbar y aguamarinas.
¿Cómo no darles nombres
guardarlas en las brisas del verano
en los ocres del otoño?
Que el invierno no las hiera
que vuelvan siempre
a mostrar sus rostros con
paisajes que insistan en no ser
condenadas.
Que las dejen volar.

I

Si una invasión de nubes
 esconde al sol para siempre
 habremos de buscar caramelos
 para endulzar.
 acostumbrarnos a otra vida.
 Tal vez reciclaremos despojos
 interrogantes nuevos con cielo turbio.
 Y los detalles serán pasos
contraseñas de recuerdos y complicidades.
 Los espejos nos mostrarán distintos
 sé que me asombraré de mi cara.

No sé si de alegría o tristeza
 mientras ebrios seguirán
pasando los días.



PÁGINA 25 – ENSAYO

JULIO CORTAZAR
(Argentino-1914/1984)

ETIQUETA Y PRELACIONES

Siempre me ha parecido que el rasgo distintivo de nuestra familia es el recato. Llevamos el pudor a extremos increíbles, tanto en nuestra manera de vestirnos y de comer como en la forma de expresarnos y de subir a los tranvías. Los sobrenombres, por ejemplo, que se adjudican tan desaprensivamente en el barrio de Pacífico, son para nosotros motivo de cuidado, de reflexión y
hasta de inquietud. Nos parece que no se puede atribuir un apodo cualquiera a alguien que deberá absorberlo y sufrirlo como un atributo durante toda su vida. Las señoras de la calle Humboldt llaman Toto, Coco o Cacho a sus hijos, y Negra o Beba a las chicas, pero en nuestra familia ese tipo corriente de sobrenombre no existe, y mucho menos otros rebuscados y espamentosos como Chirola, Cachuzo o Matagatos, que abundan por el lado de Paraguay y Godoy Cruz. Como ejemplo del cuidado que tenemos en estas cosas bastará citar el caso de mi tía segunda. Visiblemente dotada de un trasero de imponentes dimensiones, jamás nos hubiéramos permitido ceder a la fácil tentación de los sobrenombres habituales; así, en vez de darle el apodo brutal de Anfora Etrusca, estuvimos de acuerdo en el más decente y familiar de la Culona. Siempre procedemos con el
mismo tacto, aunque nos ocurre tener que luchar con los vecinos y amigos que insisten en los motes tradicionales. A mi primo segundo el menor, marcadamente cabezón, le rehusamos siempre el sobrenombre de Atlas que le habían puesto en la parrilla de la esquina, y preferimos el infinitamente más delicado de Cucuzza. Y así siempre. Quisiera aclarar que estas cosas no las
hacemos por diferenciarnos del resto del barrio. Tan sólo desearíamos modificar, gradualmente y sin vejar los sentimientos de nadie, las rutinas y las tradiciones. No nos gusta la vulgaridad en ninguna de sus formas, y basta que alguno de nosotros oiga en la cantina frases como «Fue un partido de trámite violento», o: «Los remates de Faggiolli se caracterizaron por un notable
trabajo de infiltración preliminar del eje medio», para que inmediatamente dejemos constancia de las formas más castizas y aconsejables en la emergencia, es decir: «Hubo una de patadas que te la debo», o: «Primero los arrollamos y después fue la goleada». La gente nos mira con sorpresa, pero nunca falta alguno que recoja la lección escondida en estas frases delicadas.
Mi tío el mayor, que lee a los escritores argentinos, dice que con muchos de ellos se podría hacer algo parecido, pero nunca nos ha explicado en detalle. Una lástima.



PÁGINA 26 – CUENTO

RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO
(Constanza-República Dominicana)

SUCEDE CADA AÑO

No se puede torcer el horizonte a pulso. Una paloma sola no pinta nada aunque el plumaje de sus alas intente lavarse en la cromática del arco iris. El mar siempre es el mar… 

…cumplimos una jornada que empezó antes que nosotros | y que no concluirá con nosotros. Jacques Viaux 

A mis 20 años, me propuse un día llevar un diario. Cada noche anotaba todo lo que me ocurría durante el día. Eran los años de la universidad, nos creíamos con el derecho de deshojar margaritas en el Capitolio. John Lennon plantaba minas en los polos de la esfera, y en Vietnam las azucenas supuraban sorbitos de NAPALM. Más que en la multiplicación de los panes y los peces, nos aferrábamos a la linterna de unos ojos claros para cortar en dos las noches más oscuras. Algo así como la estampita milagrosa que se guarda como recuerdo de la primera comunión, o la contraseña del concierto al que, finalmente, asistimos para encontrarnos con alguien y no prestar atención ni a quien canta ni a lo qué canta… 

No se puede torcer el horizonte a pulso. Una paloma sola no pinta nada aunque el plumaje de sus alas intente lavarse en la cromática del arco iris. El mar siempre es el mar, y uno viene y va de un punto a otro, con la incertidumbre de lo que dijo el Gabo que dijo su abuelo: “del otro lado no hay orilla”. El pasto, en cambio, nace y crece con el objetivo manifiesto de crear contradicciones entre el cartel y quienes lo desobedecen. Al final, siempre lo pisan; si no se lo engulle o lo empuerca el ganado que, en manadas, va sin rumbo fijo. 

Desde el principio de los tiempos, los seres y las cosas tienen su dignidad. Bombas y sandías, aunque se suicidan con idéntica resolución y brillo, tienen distintos pareceres. Un pétalo seco en la página 15 dice más que mil palabras. Los delfines son libres. Las piscinas son para lucir flores en el bañador, no para soltar delfines. Los estacionamientos, en cambio, sólo sirven para organizar los carros uno al lado del otro. Y las tortugas sólo pueden disfrutar su libertad en el lago o en la inmensidad del mar lleno de olas y de peces. Soy un lector de delfines que van de un seno a otro, de un ojo a otro ojo, consciente de que muy pocos cruzan más allá de la segunda quincena de enero con la agenda organizada día por día. 

Sucede cada año, nos volvemos gelatina, nos deshacemos en promesas y dejamos que el tiempo se nos venga encima en esta fecha. Eso sí, antes de que el gallo cante, siquiera la primera vez; antes de que se apague el postrer vaho de los fuegos de artificio, ya andaremos ajustando nuestras caras de circunstancias para, sin mucho apuro, desmontar el arbolito, doblar y desdoblar bolsas y lazos, cajas y empaques y, sobre todo, estar a tiempo para desbarrancarnos de nuevo por las pendientes resbalosas del olvido.



PÁGINA 27 – POESÍA

CLAUDIO PORTIGLIA
(Junín-Buenos Aires-Argentina)

HISTORIA MENOR CON ACEITUNAS NEGRAS

Yo salgo por Urquiza hacia el oeste / o bajo hacia el sur por Avellaneda / -tampoco son tantos los destinos previsibles- / pero hace unos días que el café me resulta indiferente / que los libros que llevo son apenas estructuras vacías / que los diarios se repiten en sus arduas parrafadas indescifrables / y que las compras en el supermercado de a la vuelta se redujeron a mínima demanda /
con decirte que ni siquiera las aceitunas negras / que traen para mi gula los gallegos que habitan tu manzana / motivan mi apetito /
y no es que el paisaje cambiara demasiado / más allá de las cortinas bajas o del sol gomoso / tampoco cambió demasiado la situación habitual / porque a decir verdad era poco lo que nos veíamos /
el problema pasa / se me ocurre / por esta subjetividad de la esperanza /
yo llego palpitante como siempre a la proximidad de las esquinas / batiendo el corazón en vigilia su oquedad monocorde / porque en ese temblor inexplicable que se adueña del cuerpo / crece inconsciente la expectativa de girar y de toparme con vos /
pero no /
me abismo cuando caigo en la cuenta de que esa posibilidad ya no existe / que la escena se mudó de sala / que son otros los actores que te rodean y que es otra la compañía / que no hay nada que abrigue la esperanza de un retorno a beneficio / y que la gira se prevé muy larga / que el teatro se vendió para otros fines / y que mis tiempos se vuelven cada vez más blandos y más cortos /
y es entonces que me digo para qué las aceitunas / para qué los libros o el café o el diario / si la única razón que me movía hacia la trivialidad del consumo / era la íntima y gozosa sospecha de encontrarte / y de darnos ese abrazo ligero / como si alguien nos mirara a escondidas desde un palco en penumbras / como si los dos pensáramos que el otro era el que estaba en falta



PÁGINA 28 – ENSAYO

MANUEL GARCÍA VIÑÓ
(Sevilla-España)

Y TAMBIÉN EL PREMIO NADAL

Y también dos huevos duros        
Chico Marx        

El Premio Nadal de Novela, como siempre el Planeta, ambas editoriales pertenecen al mismo grupo, ha vuelto a beneficiar, casualmente, a una colaboradora del matutino global de referencia. ¿Qué se puede decir ya? El enjuague está siempre presente en este tipo de chanchullos que, sin embargo, siguen siendo tratados como sucesos culturales por los medios de comunicación de España, único país que los tiene y los sostiene.

Se preguntaba Wilhem Reich: ¿acaso somos nosotros, los científicos, los poetas, los artistas, los filósofos –digo yo: los outsiders-- los normales, y es el resto de la especie humana el que se ha apartado de la normalidad? A estas alturas, ya, quienes diferenciamos la cultura de esas formas zafias de obtener publicidad gratuita, con la complicidad de políticos, periodistas y pseudoescritores,   tenemos derecho a preguntarnos si constituimos, en este país de broma y monarquía, el último reducto de la honradez intelectual, de la decencia tout court, del rigor crítico, mientras los críticos que prostituyen su labor, la ponen al servicio del neoliberalismo editorial y la convierten en desorientadora, en mercadotecnia al servicio del comercio y la industria cultural, han escapado de las normas éticas y morales que deben regir todas las acciones de los humanos, pero muy especialmente las que afectan a las creaciones del espíritu, como las del arte plástico, la creación científica, la especulación filosófica y la literatura.

Aquí va un relación de críticos que habrían podido poner orden en el mercadillo de Monipodio, antes de que alcanzase las dimensiones de basura y delirio que ha alcanzado,  y ni lo han intentado.

José Carlos Mainer, José Mª Pozuelo Yvancos, Ricardo Gullón, Fernando Rodríguez Lafuente, Manuel Rodríguez Rivero, Blanca Berasátegui, Ricardo Senabre, Santos Sanz Villanueva, Darío Villanueva, Ernesto Ayala  Dip, Javier Goñi, Rosa Mora, Luis Alberto de Cuenca, Gregorio Salvador, Víctor García de la Concha, María Luisa Blanco y unos cuantos más de no sabemos por qué “reconocida autoridad”.

La obligación, moral y profesional, de estas/tos señoras y señores, no es escurrir el bulto, quitarse de encima el compromiso y dejar que haga la crítica un becario, que naturalmente tratará bien el emplasto, pues no se la va a jugar a las primeras de cambio. Y así continua el culebrón. Su obligación moral y profesional, iba a decir, es hacer ver que el esperpento de turno es tan espantoso como todos los que ganan una de estas rifas amañadas. Y, más aún, desprestigiar este sistema de premios literarios a la española, sistema que no funciona en ningún otro lugar del mundo –un fabricante de libros, mediante el concurso de un jurado comprado, premia un libro que él mismo va a publicar-- y que hace que en otros países se rían de nosotros y nos tachen de beodos, como diría Hamlet.

¿Hasta dónde se proponen llegar los mercaderes y sus cómplices? Contemplar recientemente los titulares de los periódicos anunciando el Premio Nadal a Clara Sánchez producía vómitos. Aparte de que ese tipo de premios en que un editor sin escrúpulos premia –y propagandea gratuitamente- un libro que él mismo va a publicar, cosa que la prensa y la crítica literaria considera un acontecimiento cultural, no existe en ninguna parte de la Europa culta. España, que siempre ha sido un país de catetos, lo es ahora también de horteras, nuevos ricos y corruptos, lo que la constituye, como decía Valle Inclán, en una deformación grotesca de la cultura europea.

Pero ¿es que están  ciegos? ¿Es que son tontos? ¿Tan entregados, tan vendidos están a los factores del neoliberalismo en la cultura? ¿No sienten vergüenza? ¿Ni vergüenza siquiera? ¿Tanto les puede el olor del dinero y los agasajos? ¡Lo tienen que saber! ¡Es imposible ignorarlo! El caso de un editor poniéndose de acuerdo con un escritor para que le fabrique una novela “ad hoc”, con los miembros de un jurado de marionetas para que  la distinga como la mejor entre los varios cientos que han enviado unos ingenuos de provincias y ultramar, y unos periodistas y unos críticos que la alaben.

Es una falacia, un conjunto de falacias encadenadas, un timo, una prostitución de la cultura, algo para desmayarse de asco y desear haber nacido en las antípodas.

Entre los dos últimos Planetas y este Nadal se tiene la impresión de que ya ha rebosado la sentina… Y el Ministerio de Cultura ¿qué? Y la Academia ¿qué? Y la literatura ¿dónde?
Fuente: La fiera literaria



CONTRATAPA: NOTAS DE PARÍS                                                                                            

IRMA BIGNON
(Santa Fe-Argentina)

WEEK – END EN PROVENZA

      Al sudeste de Francia, entre mar y montaña, se encuentra una tierra de luz, cuya historia y tradición han anclado en la cultura universal, haciendo de ella una de las regiones más bellas del país. Las hermosas villas,  los campos azules de lavanda, los numerosos sitios de notable gusto, las recorridas por demás pintorescas, las aldeas colgadas de la montaña, todo se une para apreciar la calidad del lugar.
      Esta región está dividida en departamentos: Vaucluse, Bocas del Ródano, Var, Alpes de Alta Provenza, Alpes Marítimos. Cada uno guarda su propio pintoresquismo, su arte, su historia.
      VAUCLUSE. Célebre por el festival que tiene lugar todos los años en la ciudad de Avignon, tierra de cultura y patrimonio, elegida por los Papas, es un lugar de tradición. La Reserva Natural  Geológica del Parque Regional ha sido clasificada como reserva biosfera por la UNESCO.  Pequeñas aldeas de carácter insólito como Grambois, sobre una colina encerrada en los límites de antiguas murallas, y Monieux con sus casas medievales colgadas en pendiente abrupta, dominada por una torre del siglo XII. Los vinos que provienen de los viñedos de Luberon están catalogados como los mejores de la región provenzal.
      En las BOCAS del RODANO, con sus ciudades antiguas de Arte e Historia como Marsella, la más vieja de Francia, los puertos de corta dimensión Estaque y Cassis, han inspirado a los más grandes pintores: VanGogh, Cézanne, Dufy, Seyssaud, Chabaud, Braque, Derain. La Ciotat y el mar están íntimamente ligados desde la antigüedad; su magnífica bahía, sus acantilados – los más altos de Europa (394m.) -, su playa de arena, todo se une para ofrecer un espectáculo admirable. En 1895, los hermanos Lumière realizaron las primeras tomas cinematográficas: la llegada de un tren a vapor a la Estación de trenes de La Ciotat… El más viejo cine del mundo sigue existiendo: es El Eden, teatro de La Ciotat donde tuvo lugar la primera proyección pública cuando los espectadores enloquecieron ante las imágenes llenas de humo de un tren abalanzándose hacia ellos … Martigues es la “Venecia Provenzal”. Los canales dividen la ciudad en tres barrios. Las fachadas coloreadas de las casas de los pescadores en sus aguas.
      VAR. Entre mar y montañas, al borde de las gargantas vertiginosas – que son únicas en Europa -  del río Verdon, toda la zona protege las aldeas colgadas. Los Templarios dejaron sus huellas, la Edad Media también, en medio de una naturaleza deslumbrante. Bargème es una ciudad de corta dimensión siglo XII, situada en la cima de una colina rocosa, dominada por su castillo feudal que conserva numerosos vestigios del pasado: murallas, torres, puertas fortificadas, estrechas callejuelas. Seillans, sitio medieval instalado en un predio magnífico. Asombra por su laberinto de estrechas calles adoquinadas, pórticos de madera artesonada y muy antiguas fuentes de agua. Las casas escalonadas de color ocre y rojizo se mezclan armoniosamente. El ilustre pintor y escultor surrealista Max Ernst  habitó allí los 10 últimos años de su vida. Tourtour situada a 630m de altitud ofrece un panorama magnífico. Cada rincón del pueblo lleva el sello de lo auténtico. Notablemente conservado, se ven antiguas fachadas, ruinas de un viejo castillo, fuentes y balcones muy floridos. 
      ALPES ALTA PROVENZA. Contado por Jean Giono, este departamento es uno de los más grandes de Francia con sus dos parques naturales, el Verdon y el Mercantur. Es también uno de los menos poblados, pero posee testimonios culturales desde la prehistoria. Manosque, ciudad natal del escritor. En sus libros, describe la frescura del paisaje que se   extiende a orillas del río Curance, los pastores  los pastores que regresan  de la montaña, siempre en un tono lírico celebrando la naturaleza y la vida agreste. Lurs: sobre un promontorio rocoso rodeado de olivares, desde su mirador el espectáculo no puede ser más extraordinario. Además de las ruinas del castillo,  aún se conservan numerosos vestigios religiosos, como el paseo de los obispos bordeado de 15 oratorios que terminan en la capilla Nuestra Señora de la Vida.
      ALPES MARITIMOS. Célebre por sus festivales, su clima, sus palacios, sus ciudades como Niza, Cannes o Menton – clasificadas “ciudades de arte e historia” – la Riviera francesa propone el descubrimiento de sus riquezas escondidas. Coaraze de carácter medieval, la  llaman la “villa del sol”. Encaramada a 640 m de altitud, tiene una vista sorprendente del valle y los montes que la rodean. Su iglesia siglo XIV, sus viejas calles, sus pasajes abovedados y los diferentes relojes de sol que adornan el palacio del Ayuntamiento, constituyen uno de los lugares más bellos de la región. El Museo Figas está consagrado a la obra del pintor fantástico, futurista Marcel Pierre Jean Figasso – llamado Figas – nacido en Niza en 1935. El Museo está edificado por el propio artista según sus planos. También en los Alpes Marítimos, en pleno corazón del Parque Nacional de Mercantour, en el Valle de las Maravillas, se encuentra el conjunto europeo más grande de grabados rupestres, declarado monumento histórico: más de 40.000 grabados en la piedra de las cavernas (1800 a 1500 a.J.C.).
      Pequeñas ciudades colgadas, amuralladas, iglesias románicas y palacios góticos, todo se mezcla entre tupidos bosques. Reino de pájaros, de toros y caballos salvajes, de acantilados descendiendo hasta el fondo del mar. Rutas serpenteantes que atraviesan viñedos, campos de lavanda y olivares escalando la montaña. Villas construidas por la historia, minúsculos puertos y bahías que relatan la gran odisea de la civilización mediterránea. La pintura y la literatura están también profundamente ligadas a la región, lugar de predilección de grandes maestros pintores como Van Gogh, Cézanne, y escritores como Giono, Pagnol, cuyas obras están presentes en todas partes.



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